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     Nada sobre nosotros. Sin nosotros.

 

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Estimados amigos:

Quiero compartir con todos vosotros dos testimonios que manifiestan con una enorme sensibilidad y profundidad el sentimiento de miles de personas con baja visión, y donde también se refleja la necesidad de visibilizarlas.

El primero es de una mujer con baja visión de Córdoba, Argentina, cuando fue a comprar al hipermercado Libertad. Lo primero que hizo fue presentar su certificado de discapacidad en atención al cliente y después de seleccionar los productos se dirigió a la caja de prioridad. Llegó detrás de ella una mujer que comenzó a insultarle. Le explicó que ella estaba allí por su discapacidad visual, a lo que la otra mujer le replicó que la baja visión era un invento médico y continuó su agresión hasta llegar a lo físico. Después de 30 minutos llegaron un policía y un guardia que le pidieron disculpas, anteriormente ya habían tenido inconvenientes con la persona que le estaba insultando. Para colmo de males, cuando por fin llegó su turno el cajero, habiendo presenciado la escena, le cuestionó, incluso presentando el certificado en el hipermercado. Tuvo una noche terrible seguida de un ataque de pánico.

Lo que más le disgusta es que todo esta hecho para las personas "normales". En palabras de ella: «Qué no daría yo por ver aunque sea el 10% de lo que ven las personas. Estoy triste. Da mucha impotencia porque no pedimos está condición. A mi me queda poco tiempo antes de perder la visión completa. Ya no puedo trabajar, ni hacer cosas simples como ir al supermercado, tampoco para que mis hijas no se sientan mal. Ahora ni eso voy a poder hacer, es lo que me toca.»

El segundo testimonio le sucedió a una mujer con poco resto visual que impartía clases de braille en la agencia de la ONCE en Fuengirola, España. Habitualmente acudía sola y con su bastón. Un día de madrugada de camino a la agencia un individuo, sin venir a cuento, le empezó a increpar. Le dijo: «Mentirosa, tu me ves. Impostora, embustera ¿Tú de que vas? Farsante» Le llamó todo lo que quiso. Eran las 9 y media de la mañana y nadie hizo nada. Se vio sola y se quedó paralizada, no pudo ni llamar a la policía ni pedir socorro. Sólo le dejó cuando pasaron dos muchachos que salió corriendo.

Cuando el individuo se fue lo único que se le ocurrió fue llamar al director de la agencia que acudió en 20 minutos. Él hablaba con ella por teléfono mientras iba caminando. Al llegar a su encuentro ella sólo le decía: «No me sueltes. No me sueltes…» Han pasado dos años y desde entonces no quiere salir sola a la calle. Antes iba a pasear sola con su bastón y ahora le da miedo y ansiedad.

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