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En la sociedad existen individuos que piensan que las personas con baja visión son los miopes que llevan gafas con cristal muy grueso. No es así, son aquellas que ven mal incluso llevando gafas o lentillas. Tropiezan con frecuencia, leen con dificultad, ven los objetos pero no aprecian sus detalles…

¿Quiénes son los que conocen las necesidades explícitas de las personas con baja visión? Pues las propias asociaciones de personas con patologías visuales. Somos los que saben cómo nos afecta porque lo vivimos en primera persona y lo percibimos día a día. Encontramos barreras en la cultura, en el trabajo, en las calles, en las tecnologías… Incluso cuando ejercemos nuestro derecho al voto.

La patología es la base de las asociaciones de personas con baja visión y es la que nos distingue a unos de otros (retinosis pigmentaria, glaucoma, degeneración macular, ausencia de iris, etc.). La diversidad es elevada. Sin embargo, hay más cosas que nos unen que las que nos separan en las necesidades que mostramos ante el acceso a los entornos que presta la sociedad.

No obstante, nuestra calidad de vida y nuestra autonomía personal no se ven afectadas como al resto de la sociedad. Las personas con baja visión nos quejamos de lo mal que está todo para que podamos ver. Por las noches no hay suficiente luz en las calles, ni en los terminales de la seguridad social para obtener el turno, en los paneles que indican el turno, en las pantallas de los móviles.... No existen ayudas, los museos y teatros no están preparados para las personas con baja visión.

Nos comportamos pasivamente y evitamos las circunstancias desagradables. Ni siquiera respondemos a pesar de que existen oportunidades que nos ayuden. No solo hay resignación, hay una indefensión aprendida que la llevamos tatuada.

Todos los años el Defensor del Pueblo ofrece un informe con los asuntos de interés para las personas con discapacidad. En el último informe han sido 437 las actuaciones y ninguna tienen que ver con el mundo de la baja visión. Ocurre lo mismo con el informe del estado de la situación de los derechos humanos de las personas con discapacidad, elaborado por el CERMI que es el representante de estas personas. Ninguna de las quejas o denuncias de vulneraciones de los derechos tienen que ver con la baja visión.

Vivimos en una época en la que podemos hacer algo para cambiar la sociedad y orientarla hacia un modelo más humano. Y no nos asusta el cambio porque sabemos lo que podemos ganar. De hecho, el reto no es cambiar el Mundo, es cambiarnos a nosotros mismos y ver si la suma de todos logra el cambio global.

A primeros de este año un grupo de personas de distintas asociaciones comenzó a reunirse para hablar de los agravios que sufren las personas con baja visión y empezó a trabajar por la equidad. Sin buscar la cura, pero buscando la plena integración de las personas con baja visión. Son un pedacito de la discapacidad visual. Como dice Eduardo Galeano: “Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo”.

Comenzaron enviando una carta al Defensor del Pueblo indicando que en el impuesto del valor añadido (IvA) sobre los productos de apoyo para la visión se aplica el 10% o el 21%, sin embargo el 4% a los productos de apoyo de los otros sectores de discapacidad. La reclamación ha sido aceptada por el defensor y se lo hizo saber a la Dirección General de Tributos.

Los derechos de las personas con baja visión necesitan que las asociaciones estén unidas. ¿Cómo? Aportemos ideas que inspiren a la acción más allá de la reflexión. Diseñemos un futuro distinto. Construyamos un nuevo presente. Caminemos juntos hacia la plena inclusión de las personas con baja visión.

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