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Libro Baja Visión y Tecnología de la Información Solo cuatro esquinitas 

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 Imagen del texto "Óptica"

Un óptico-optometrista es la persona que está sensibilizada y entiende a todos sus clientes; a los que saben lo que quieren y a los que no conocen nada de ayudas ópticas. Es quien empatiza desde el punto de vista humano y económico. Conociendo al cliente le es más fácil prescribirle lo más apropiado; sin cobrar nada, pone un tornillo o pegamento para reparar las gafas, y siempre con una sonrisa.

A los seis años de edad el oftalmólogo me dictaminó miopía. Por entonces el número de ópticas eran pocas y fue en una farmacia donde me hicieron mis primeras gafas. Pocos años después acudimos a un centro óptico situada más lejos donde mi madre depositó durante mucho tiempo su confianza. Fue donde me compré mis primeros pares de lentillas. Me fui de la ciudad por estudios y por trabajo; pasé por varias ópticas hasta que di con uno que me pareció el más apropiado por precios y por la confianza que me daban los ópticos. Volví a cambiar de ciudad y pasé por varias ópticas, esta vez también para mi hija. Entonces, mi mujer pasó por un centro óptico donde vio una montura que le pareció apropiada y a mi me recomendaron unas gafas con monturas y filtros específicas para personas con baja visión. El trato recibido más la calidad del producto ganó la confianza de la familia. El coste es mayor pero desde entonces no hemos cambiado ninguno de los dos de gafas. Es tal el grado de satisfacción que recomendé la óptica a una amiga y a su hija, ambas con baja visión, cansadas de la calidad de las gafas y de dar vueltas.

Hay varios factores que se deben tener en cuenta a la hora de empatizar: el humano, el económico y la tecnología. Los factores humano y económico como persona con baja visión son fáciles de observar en la experiencia vivida y expuesta. Con respecto al factor tecnológico se hace evidente en las ópticas, y no me refiero al instrumental usado en ellas. La Sociedad en la que vivimos es tecnológica y digital, en donde cualquier ciudadano tiene la posibilidad de acceder a información con más facilidad y en cualquier momento del día. Es evidente que hay más tecnología de consumo como los teléfonos móviles, las tabletas, los ordenadores, relojes y televisores inteligentes, consolas personales de video juegos, etc.; y que también la tecnología se hace más patente en paneles de listas de espera, en los electrodomésticos, en cajeros automáticos, las máquinas expendedoras de billetes, etc.OpticaTienda

Hace unos años cuando una persona acudía a una óptica, el profesional optometrista que le atendía oía frases del tipo: «No veo bien» o «Tengo problemas para leer el libro, periódico, ...». Hoy día se puede oír: «No veo bien la pantalla del cajero automático, el teléfono móvil, el ordenador, ...» o «Tengo problemas para leer el correo electrónico en el trabajo, el e-book, whasapp, ...». Así pues, el óptico-optometrista además de tener un factor humano y cierta sensibilidad en lo económico, ha de conocer las tecnologías que permitan a las personas con baja visión poder ver mejor, o por lo menos conseguir que pueda usar con cierta calidad el resto visual que posea.

Cabe agregar que una persona con baja visión, esto es que incluso llevando gafas o lentillas no ve bien, no deja de ser un potencial cliente para el óptico-optometrista. Así mismo, la figura del profesional técnico de rehabilitación visual, especializada en baja visión, es muy escasa; y se encuentra en tan pocos puntos en la geografía del país que se podría afirmar que no existe. Es entonces cuando el óptico-optometrista, al estar más accesible a pié de calle para las personas con un déficit en su sentido de la visión, quien suple al técnico de rehabilitación.

De acuerdo con el razonamiento que se viene realizando, al conocimiento de ayudas ópticas como las gafas, lentillas, lupas, telescopios; habría que añadir las no ópticas como los atriles y lámparas; las no visuales como los marcadores en relieve, relojes parlantes, libros hablados; las electrónicas de tipo dispositivos como son la lupa televisión, la lupa o catalejo electrónico de bolsillo; y las electrónicas de tipo aplicaciones informáticas como son los lectores de texto, magnificadores de pantalla, reconocimiento de voz. El óptico-optometrista debería proporcionar una información básica y recomendaciones prácticas que cualquiera pueda aplicar para el aprovechamiento del resto visual, consiguiendo una vida diaria más cómoda y más eficaz a sus clientes.

Por otra parte, como la población con baja visión es pequeña, fabricar aplicaciones o dispositivos adaptados conlleva costes
altos en su desarrollo; así pues, para sacar beneficios, han
de incrementar los precios. Esto quiere decir que a una persona con baja visión que ya paga unos precios elevados de unas gafas graduadas (pueden superar los 200€), o filtros especiales para evitar deslumbramientos (más de 100€), o montar un prisma en unas gafas, hay que añadir el precio de una lupa electrónica de bolsillo (entre 400€ y 800€, según modelo) o de una lupa televisión (entre 1.200€ y 3.300€, según modelo) o la licencia de una aplicación lector de texto y magnificador (unos 1.200€).

Habrá personas con baja visión o familiares con poder adquisitivo que prefieran comprar las ayudas ópticas prescritas, pero a una gran parte de la población les será difícil la adquisición de ayudas tan caras, por no decir imposible. Las personas mayores son las más desfavorecidas; además de dar por hecho que ya no van a leer o hacer su vida diaria debido a que su vista es peor que cuando eran más jóvenes, hay que añadir que la media de las pensiones está alrededor de 650€ (la media supone una pensión de 1.050€ y dos de 450€). Si una persona con baja visión desea leer libros, bien porque es su afición o porque lo necesita, le prescriben una lupa televisión valorada en unos 3.000€ que debe comprarse y que no puede, es seguro que deseche la idea de adquirirlo y con ello dejar de leer, y puede que aprender. Uno de los derechos fundamentales de las personas es el derecho a la educación.

tableta usada como lupa televisiónEs deseable que los ópticos-optometristas y los técnicos de rehabilitación visual para personas con baja visión conozcan las tecnologías de consumo y las diferentes aplicaciones que pueden dar a dicha tecnología, indistintamente de la funcionalidad para las que han sido creadas. Es seguro que sería de gran ayuda mostrar cómo usar dicha tecnología como ayuda técnica, y las aplicaciones que se encuentran para ayudarles. Mostrar por ejemplo cómo realizar una lupa televisión con una cámara y el televisor, o convertir un teléfono móvil con cámara en una lupa electrónica de bolsillo, o una tableta en un escáner de libros para poder aumentar el texto. Esta estrategia pretende el crecimiento personal y de progreso social a bajo coste.

Cierto es que los centros ópticos que venden ayudas técnicas pueden pensar que lo que se dice aquí va en contra de sus intereses, repercutiendo en las ventas de instrumentos de apoyo para la visión. Yo no lo creo así, todo lo contrario es una forma de afianzar o fidelizar a un cliente enseñándole y ayudándole. Es un buen apoyo para dar a conocer las ayudas a esas personas que aún las desconocen. Una persona con baja visión que no puede comprar una ayuda técnica, porque su economía no se lo permite, es un cliente que buscará en otros sitios posibles soluciones. Sin embargo, si se le enseña cómo puede solucionar su problema a bajo coste, de esta forma se conseguirá fidelizar al cliente y hacer una labor social en pro de las personas con baja visión.

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